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  Con el auge de la fotografía indiscriminada (en los restaurantes no hay día en que no encontremos a alguien fotografiando la comida, por poner un ejemplo) y los selfies, perdemos, en fragmentos diminutos de tiempo, nuestro propio yo. Y es que cada vez que nos enfocamos con una cámara, o enfocamos un objeto con el cual pretendemos identificarnos posteriormente en las redes , en ese mismo instante en el que posamos o fingimos, dejamos de ser nosotros mismos para cosificarnos. Hagamos la suma del montón de fotografías que tenemos de nosotros mismos y saquen la cuenta de todos aquellos lapsos de tiempo en que hemos dejado de ser para estar, posar, mostrar…

Se nos va demasiado “yo” a lo largo de nuestra vida.

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