Esta eterna partitura,

secuencia de notas estériles,

repetidas,

sordas.

La cadencia de tu mentir

a la que nunca me acostumbro

y que reconozco con sumo asco

Amor,

¿no lo hueles?

Ya está aquí,

nos rodea,

nace de dentro,

de nuestras entrañas,

me es familiar este olor…

Este hedor a amor fracasado

que corroe invisible lo más débil de cada uno.

Se vuelven burdas las ilusiones,

desfilan ante nosotros con el glamur grotesco

de una prostituta de portal,

demasiado vieja,

demasiado puta.

Ya no le sienta bien mirar de perfil….

Perdió el misterio y es mísera y vulgar.

Que no sonría,

nuestra ilusión que no sonría

que se quedó sin dientes…

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