Fluctuaciones de sensaciones,

aires de múltiples temperaturas y formas.

El temperamento de nuestra fortuna y desgracia

nos tambalea  con violencia hacia las paredes construídas

por nosotros mismos.

Muros de contención

que se imprimen

de la esquizofrenia de nuestras inestabilidades.

Las sonrisas se han cosido una lágrima en la comisura de los labios,

la ira se ha instalado en la punta de los dedos y la lengua.

El mideo se esconde, covarde, en nuestro pelo

Y ya tansolo queda un rincón para la esperanza:

la cama,

la cama donde paseo extasiada y solitaria

por los campos de tu piel.

El agujero de tu ausencia,

mi ausencia,

es callejón conocido.

La espada está a punto de llegar,

por detrás,

y cuando esto ocurra,

cuando ocurra esto,

no quedará más que un débil eco en nuestra memoria

del olimpo en el que nos conocimos.

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