Incendiaste la casa con palabras.

Tus ojos cosidos al vacío de los míos
por necesidad.
Vestías el camisón.

Padezco tu amnesia deliberada.
Ahogo el rugido retorciendo el cuello de esta caligrafía.
Sufren de epilepsia todas las palabras que te escribo.

Perspectiva inequívoca,
se deshace la viscosidad de mi deseo.
Voy trazando el curso de la marcha atrás.

Roto el crepúsculo no me queda más que
entregarme al infortunio,
a la certeza de la duda

Esta maníaca
me agarró de la nuca
y me susurró que lapidara cualquier signo de certeza.

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