Recógelo todo,
recoge tus ojos del suelo,
tus manos pedigueñas,
tus labios que ya solo saben llorar.

Recoge tus pasos de lástima: mañana, tarda y noche.
Camina esta vez hacia fuera.

No mendigues en la puerta de cada habitación
repitiendo mis pasos .
No llores tus días,
no grites tus padres, tu casa tu sombra y oscuridad.
No vomites tu rastro, tu pesadumbre, tu no reír jamás.

Ya han sucedido tantas ausencias
que el no estar es cuestión de una mera visión

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