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No llegues,

no vengas

que clavarte el puñal

me duele

 como si me lo clavara cien veces yo misma.

No vengas,

que te espera el amargo de mis reproches,

el tóxico de mis delirios que corroe hasta la más pura esperanza.

La soga de mis palabras empieza a ahogar,

la asfixia se va haciendo constatar,

se va haciendo real como se hace real tu llegada.

Pero no llegues,

que con tu llegada llega el final,

este final que me derrama la tristeza,

que me hace temblar  como la mano del enfermo,

como a los labios del enamorado,

como a la luz de la farola que anuncia su terminar.

La penuria que rodea tu vida hace mella en mí,

yo que llevo la vida tatuada,

yo que sonrío y agradezco mi piel, mi voz y mi estar.

No me arrastre este camino devastador.

No me enzarce en las matas,

en la cadencia negra de tus sombras,

las que tu misma has escogido,

las que sigues meciendo con amor enfermo.

No me palpen,

Ni me toquen,

Ni siquiera vean

todas estas sombras que merodean alrededor

que no han dejado nunca de picotear sobre nuestras cabezas,

este pájaro negro no se fue jamás.

Yo me iré ahora,

ahora que ya es demasiado tarde,

ahora que ya te quiero,

ahora que ya se han tejido tantos recuerdos que no dejaré de verte.

Ahora que me duele tanto ,

ahora que parece que se muera un pedazo de mí misma.

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