Pequeña cosa sin nombre
a quien la noche le revienta los senos,
nalgas agrietadas de tanto forzar la huida.

Sientes como se acerca la noche bajo tu vientre,
el aliento ya se se siente
cálido y sucio.

El silencio llega de lejos, de tantas noches pasadas,
es viejo y pesado.
De nuevo se escabulle por las rendijas
y huele a sexo.

El bastardo que te penetra la infancia
busca nombrarte
sin jamás pronunciar tu nombre.
La piel es innombrable cuando se destripa la inocencia.

Se mece tu ternura en un balancín de terror y asco.
Queda algo de tu música en la almohada
porque la cantas sin cesar
con voz de otra niña
para mañana compadecerla a ella,
no a ti.

Pequeña cosa sin nombre
ahora te rescatas con huidas,
ahora vives en vano,
sin sentir ni sentido,
sin ser ni nombre.

Abrazas el miedo porque ya lo conoces
La ternura te desgarra en el recuerdo
de una niña a la que siempre has compadecido.

Repudias esos cuerpos pequeños,
pequeños e ignorantes.
Perversa es su inocencia que da la entrada
en un silencio tan cómplice como ignorante.

Anuncios